4 Formas Infalibles para Reducir la Ansiedad en el Trabajo

¿Alguna vez has pasado todo un día completamente aterrado en el trabajo sin saber la razón?

Todos sentimos ansiedad en el trabajo ocasionalmente, pero tener una sensación de miedo de forma continua y a diario puede tener un efecto extremadamente negativo en el lugar de trabajo.

Linda Geddes detalló recientemente dos casos que mostraban diferentes tipos de ansiedad en New Scientist Magazine:

El primer caso es de un hombre que evitaba responder el teléfono en el trabajo. Temía que sus palabras fueran incoherentes y temía construir sus frases incorrectamente. Este tipo de ansiedad estaba motivada por una verdadera inseguridad y una falta de práctica para hablar por teléfono.

En el segundo caso, una mujer tenía un miedo tan intenso que se sentía agitada y con sensación de mareo cada mañana antes de ir al trabajo. Su ansiedad hacía que sus pensamientos se movieran entre dos opciones como un péndulo: «¿qué accidentes pueden ocurrir mientras voy al trabajo?» y «¿qué consecuencias terribles pueden ocurrir si me quedo en casa?» No había ninguna razón para tener estas ideas, por lo que existía una ansiedad subyacente que podría requerir una intervención terapéutica.

¿Te suena familiar? Aunque no sientas ansiedad en el grado que hemos descrito en estos ejemplos, la ansiedad de cualquier grado tiene enormes consecuencias en tu vida personal y laboral.

¿Es la ansiedad siempre negativa?

Aunque no lo creas, la ansiedad sirve para algo. En una intensidad razonable, la sensación de ansiedad puede alertarte de un peligro y hacer que estés alerta y atento, y que seas más productivo en el trabajo.

Pero si encuentras que sentir ansiedad influye e interfiere en tu vida diaria, entonces podrías estar sintiendo ansiedad excesiva y deberías buscar la ayuda de un profesional médico de confianza.

¿Qué causa la ansiedad?

Falta de adaptación. La falta de adaptación a las situaciones que se presentan puede causar ansiedad. La falta de una representación realista de una situación puede ser perjudicial para el balance emocional. Por ejemplo, pensar que subir a una montaña rusa pueda causar un infarto por la aceleración de los latidos del corazón.

Aunque un infarto es una posibilidad para alguien que tiene una enfermedad cardiaca, para la mayoría de personas, creer que se van a sufrir un infarto es una falta de adaptación a la realidad y de la capacidad de apreciar la situación objetivamente.

Preocupación crónica. Cuando la falta de adaptación progresa durante un periodo de al menos seis meses, se convierte en una preocupación crónica. Dos ejemplos de preocupación crónica causada por falta de adaptación serían:

  • Sentir responsabilidad y preocupación por las actividades de todos los que te rodean y todos tus colegas.
  • Sentir que todas tus responsabilidades en el trabajo importan más que tu salud y bienestar emocional.

¿Cuales son lo principales síntomas de ansiedad?

Cuando la ansiedad aguda o crónica se apodera de ti, puedes sentir como si no hubiera salida. Y este miedo debilitante está relacionado con la amígdala, una parte anatómica de tu cerebro.

Nuestra amígdala tienen dos funciones principales:

  • Procesa emociones.
  • Causa la liberación de hormonas y neurotransmisores responsables de nuestras respuestas de lucha, huida o parálisis.

Imagina que estás en una reunión y que tu jefe abre la puerta y te pide que salgas. La mayoría de personas tendrían alguna respuesta en esta situación. Tu respuesta podría ser de intriga, a la espera de noticias imprevistas, o de miedo, desencadenado por el tono de voz or expresión facial de tu jefe.

Podrías sentirte tentado a salir de la reunión y confrontar a tu jefe (lucha). O quedarte sentado y decirle a tu jefe que espere a que acabe la reunión (parálisis).

En ambos casos, tu cuerpo está recibiendo estímulos y señales de ansiedad.

Varios estudios sugieren que quienes tienen un trastorno de estrés postraumático almacenan recuerdos de miedo dentro de la amígdala y pueden tener respuestas exageradas a estímulos irrelevantes.

Sin embargo, para una persona que funciona normalmente, el grado de ansiedad es directamente proporcional a la situación.

¿Cómo puedes afrontar la ansiedad?

Haz ejercicio. Se ha demostrado que caminar, montar en bicicleta, hacer yoga o cualquier otra actividad física que disfrutes puede ser extremadamente útil para combatir la ansiedad.

¿Alguna vez te has sentido disgustado y has decidido salir a la calle o a un parque? Seguro que has sentido los efectos calmantes de estar en la naturaleza y respirar más profundamente, porque resulta en una mejora general del estado de ánimo.

Cuando haces ejercicio se liberan endorfinas, que mejoran el ánimo y te ayudan a sentirte más feliz. Concentrarte en una actividad física evita que pienses en tus miedos y que te concentres en las tareas a realizar.

Recuerda que no necesitas empezar a hacer un nuevo deporte. Sí, afiliarte a un gimnasio lujoso puede ayudar, pero empieza con algo que sientas accesible y asequible.

Dieta. Al aumentar la ingesta de fibra se propicia el crecimiento de bacterias intestinales beneficiosas, lo que te ayuda a mejorar tu poder de concentración y a prestar más atención a los mensajes positivos en tu trabajo (y menos atención a los negativos).

Terapias. Ciertos medicamentos pueden ayudar a personas con ansiedad grave (y bajo supervisión profesional) y reducir la excesiva percepción de amenaza en situaciones cotidianas.

Por ejemplo, medicamentos como el Valium, una benzodiacepina, pueden filtrar los estímulos no amenazantes. Sin embargo, es importante mencionar que las benzodiacepinas pueden ser muy adictivas y deben administrarse con control cuidadoso por un médico.

La terapia cognitivo conductual se considera el estándar de oro para tratar la ansiedad debido a que se centra en abordar los obstáculos causados por falta de adaptación.

Cuando se determinan las creencias que llevan a la falta de adaptación, se analizan y se reconstruyen para ayudar a la persona a distinguir amenazas reales de las imaginarias, lo que ayuda a superar los miedos.

Autorreflexión. Pasar unos minutos diariamente revisando los desencadenantes de tu ansiedad y centrándote en el momento presente a través de la atención plena o el mindful framing, servirá para varias cosas:

  • Desarrollar un esquema mental para evaluar las experiencias y pensamientos inesperados.
  • Desarrollar rutinas y hábitos naturales que tendrán un efecto en tu bienestar mental.
  • Desarrollar la inteligencia emocional y la empatía hacia ti mismo y los demás.
  • Desarrollar un enfoque integral hacia el bienestar físico.

Si sufres de ansiedad, sé valiente y enfréntate a tu ansiedad directamente, busca ayuda interna y externa. Tu mente tiene la llave para un hospital de primera categoría y una farmacia bien equipada con soluciones seguras y eficaces. La ansiedad puede transformarse en energía vital.

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